How To Leave Town

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Esta mañana salí temprano de mi casa, cosa inusual en mi rutina. Normalmente dedico las primeras horas del día a dormir, o leer, o ver algún capítulo de la serie de moda del momento. Pero esta mañana salí porque es la última aquí.

Me senté en un banco, en la plaza que da a mi casa, y observé a la gente caminando de un lado a otro: gente que iba a trabajar, o a hacer un recado, o a estudiar. «Me gusta ver cómo se despierta la ciudad», me dije. Era la primera vez que lo hacía en meses, desde que había terminado de trabajar. No lo hice antes porque ningún día era como este, ningún día era el último.

Por alguna razón comencé a echar de menos a esa gente. Esas caras desconocidas que olvidaría a los pocos minutos me parecían una parte de mí a la que estaba diciendo adiós. Como si cada persona que comparte mi ciudad conmigo formara parte de una gran familia a la que ves de vez en cuando. Toda esa gente que nunca conoceré no podía despedirse de mí, pero yo sí de ellos. Tal vez alguna pudiera ser mi amiga, tal vez con otros acabaríamos odiándonos. Eso no importa. Porque ya nunca lo sabré.

Al cabo de un rato observé el cielo de la ciudad, cómo el púrpura y el azul se entremezclaban con las nubes para formar un fresco en constante cambio. Las hojas de los árboles bailaban al son de una suave brisa, y la temperatura era buena para ir en manga corta. ¿Será el cielo igual a donde voy? Sí, seguramente también adquiera este color en los amaneceres, y habrá árboles y pájaros que adornen el paisaje.

¿Y si empezáramos por ahí? El mismo cielo, los mismos árboles. Si lo pienso, la gente también será igual: unas caras desconocidas que olvidaré al rato, y que van de un lado a otro a trabajar, o a estudiar, o a lo que sea. Quizás nunca llegue a saber si tendré allí amigos; tal vez esa sea la respuesta. Mientras esté vivo y pueda salir por la mañana temprano a la calle, podré hacerme estas preguntas, y juguetear con las respuestas.

Un amigo me preguntó hoy que cómo era capaz de irme de la ciudad. No supe qué responderle. En realidad, no me estoy yendo a ninguna parte.